Desde que finalizó el Máster en Gobierno y Gestión Pública en América Latina, tu carrera ha transitado desde el sistema judicial de Nuevo México hasta tu rol actual como Deputy / Acting State Ombudsman (Defensor del Pueblo). ¿Cómo describirías esta trayectoria y de qué manera consideras que tu formación en la UPF-BSM sentó las bases para los distintos puestos que has ocupado desde entonces?
La describiría como una trayectoria diversa, progresiva y, sobre todo apasionante. Acabo de cumplir 13 años como servidor público del Estado de Nuevo México, en Estados Unidos, y he tenido la oportunidad de desarrollar prácticamente la mitad de mi carrera en el Poder Ejecutivo y la otra mitad en el Poder Judicial. Ahora estoy de vuelta en el Ejecutivo, y es como volver al esfuerzo del origen.
Mis primeros años fueron fundamentalmente formativos, trabajando en el Ejecutivo en programas de asistencia pública y adquiriendo una comprensión práctica de la Administración. Posteriormente, en el Poder Judicial, logré gestionar regionalmente los Tribunales de Drogas y de Violencia Doméstica y, posteriormente, dirigí programas estatales desde la Corte Suprema de Nuevo México.
Fue durante esa etapa cuando culminé mis estudios de maestría en la UPF-BSM, y considero que esa formación no solo me proporcionó conocimientos técnicos sobre gobierno y gestión pública, sino también las herramientas, la confianza y las credenciales para asumir proyectos de mayor alcance y responsabilidad.
Con el tiempo, he aprendido que la buena administración pública no consiste simplemente en ahorrar recursos, sino en utilizarlos eficazmente, generar resultados y poder medir sus efectos, siempre en beneficio de los ciudadanos. Esa ha sido una de mis principales motivaciones y es lo que espero seguir aportando durante los próximos años de mi carrera.
A lo largo de tu carrera has combinado roles de gestión de programas judiciales, coaching de mediación y, actualmente, la defensa de los derechos de residentes en centros de cuidado a largo plazo. ¿Hay alguna experiencia, decisión o incluso un error que, con el tiempo, se haya convertido en un punto de inflexión y te haya orientado hacia este campo de la mediación y la protección de derechos?
Durante mucho tiempo me acompañó el deseo de regresar a Latinoamérica y culminar mis estudios de Derecho. Sin embargo, con los años aprendí que una trayectoria profesional no siempre avanza en línea recta y que, muchas veces, las oportunidades que se presentan en el camino terminan definiendo nuestro verdadero propósito.
Una de las cosas que he sabido aprovechar han sido las capacitaciones que ofrece el gobierno. Siempre recomiendo a quienes trabajan en el servicio público que no desaprovechen ninguna oportunidad de formación que les ofrezca su empleador. En mi caso, gracias a becas que obtuve a través del servicio público, tuve la oportunidad de completar certificaciones en la Facultad de Derecho de la University of New Mexico en conciliación Civil y de Familia, y en la Corte Suprema como especialista en traducción, además de un sinnúmero de certificaciones en temas de salud y finanzas. Esas experiencias me abrieron nuevas oportunidades, desde hacer coaching en conciliación en la Facultad de Derecho hasta crear mi propia empresa en mediación bilingüe.
La combinación de experiencias terminó orientándome hacia la gestión de programas estatales de diferente índole. Y aunque mi trayectoria se ha desarrollado en Estados Unidos, mantengo abierta la posibilidad de regresar a Latinoamérica y poner mi experiencia al servicio de la región, desde la posición o proyecto que se presente.
Visto en retrospectiva, quizá no hubo un solo punto de inflexión, sino una serie de oportunidades que fui aprovechando y que terminaron conectándose entre sí hasta llevarme a mi posición actual como Acting State Ombudsman —Defensor del Pueblo— de Nuevo México, desde donde trabajo en la protección de los derechos de las personas mayores y las personas con discapacidad.
Si pudieras enviar un mensaje a tu yo más joven en su primer día en la UPF-BSM, sabiendo que años después llegarías donde estás actualmente, ¿qué consejo le darías y por qué?
Que no tenga miedo de abogar por sí mismo, y recordarle que conversar no es pactar. A lo largo de los años he aprendido que muchas oportunidades no se presentan de manera explícita; hay que tener la iniciativa de conversar, expresar lo que uno busca y a negociar las posibilidades. No debemos dejar que las cosas se asienten de manera tácita cuando una conversación puede abrir grietas, resquicios, y con suerte una puerta.
Y, sobre todo, le diría que es normal que cambie la forma y el modo, siempre y cuando el fondo y el corazón permanezcan intactos. La vida profesional puede llevarnos por caminos inesperados, pero cuando la vocación de servicio permanece, esos caminos terminan teniendo sentido, un rumbo y un norte.
Tu trayectoria reciente incluye tanto la gestión diaria del programa de Ombudsman como tu labor de formación y mentoría a mediadores en la UNM. ¿Qué hábito, mentalidad o enfoque dirías que ha tenido mayor impacto en su desarrollo profesional durante estos últimos años, y cómo lo aplicas al liderar y formar a otros?
La consistencia y la transparencia. Creo que, como servidores públicos, debemos procurar que exista coherencia entre lo que decimos, lo que hacemos y la manera en que tratamos a los demás. Nuestro comportamiento debe estar guiado por la integridad y la transparencia, tanto dentro como fuera del trabajo al que nos hemos comprometido.
Como líder y como formador, también he aprendido que muchas veces la mejor manera de enseñar no es decirle a otros cómo hacer las cosas, sino demostrarlo con el ejemplo. La responsabilidad, la preparación, el respeto por las personas y el compromiso con el servicio público tienen que verse en nuestras propias acciones antes de pedirlos a los demás.
Y creo que también debemos estar enamorados de lo que hacemos, con una pasión similar a la de ese amor adolescente y juvenil. Para mí, una de las responsabilidades más importantes de un líder es precisamente contagiar esa pasión. No solamente formar buenos profesionales, sino ayudar a otros a comprender el valor de lo que hacen y desarrollen su propio compromiso con el servicio público.