
Denise Rabin| De producir a otros a amplificar voces propias
Denise Rabin
Fundadora Mujeres Speakers y miembro de la comisión directiva del Foro de Periodismo Argentino
Posgrado en Periodismo Digital 2017/19
📍 Argentina
Si pudieras volver a tu primer día con nosotros, ¿qué conversación tendrías con tu yo del pasado y qué le dirías sobre el camino que le espera?
Cuando hice el posgrado todavía no se hablaba tanto del concepto de networking. Con el tiempo entendí lo valioso que era ese espacio. Si bien, gracias a este posgrado, terminé construyendo amistades y vínculos profesionales que hoy siguen vigentes, también reconozco que había muchos colegas que en estos años desarrollaron carreras muy sólidas y con quienes podría haber mantenido el contacto.
Mirándolo en perspectiva, ese posgrado fue un verdadero semillero de grandes profesionales.
Mirando tu trayectoria, ¿hubo algún momento inesperado —un error, una oportunidad o un giro profesional— que acabara redefiniendo tu forma de entender el periodismo y la comunicación?
Sí. Durante muchos años fui la productora detrás de algunos de los periodistas más prestigiosos de la Argentina. El 95% eran hombres. Fui parte activa de grandes entrevistas, coberturas relevantes y hasta una nominación a los premios Emmy. Funcionábamos como una dupla muy sólida: ellos delante de cámara, yo detrás, en la producción.
Aprendí mucho en ese rol. Pero llegó un momento en que sentí la necesidad de construir algo propio y salir de la lógica de depender de grandes medios y cadenas de noticias.
Veía que muchas mujeres profesionales no estaban ocupando el lugar público que podían ocupar. Y decidí que era momento de trabajar exclusivamente con ellas. Ese fue el giro. Para mi es fundamental amplificar las voces de mujeres profesionales para diversificar perspectivas.
Has trabajado durante más de dos décadas produciendo discursos y diseñando mensajes en contextos de alta visibilidad. ¿Qué has aprendido sobre el poder real de la palabra y el impacto de una buena narrativa?
Estoy especializada en entrevistas en profundidad. Cuando una charla se da en un buen clima, incluso en un estudio lleno de técnicos, productores y luces, es posible generar un espacio real de intimidad y confianza. Y cuando eso ocurre, esa conexión atraviesa cualquier dispositivo y logra mover fibras sensibles.
Aprendí que el poder real de la palabra no radica en el volumen ni en la espectacularidad, sino en la claridad y la intención. Muchas veces se complejiza lo que se quiere decir y se deja de lado la potencia de la simpleza: el impacto de un mensaje directo, sin vueltas, sin paréntesis innecesarios.
Hoy ayudas a profesionales y organizaciones a hablar en público con criterio y estrategia. ¿Qué diferencia a quienes realmente conectan con su audiencia de quienes solo transmiten información?
Trabajo la oratoria con dos tipos de personas: las que aman hablar en público y las que lo padecen. Para muchos no es una elección, viene con el cargo en su trabajo. Entonces no prometo que lo vayan a disfrutar. Prometo algo más concreto: que dejen de sufrirlo y puedan hacerlo con seguridad.
Y también están quienes disfrutan el escenario. Pero que te guste no significa que estés profesionalizado. Ser speaker es un camino, y en algún punto ese camino exige ordenar la oratoria, darle forma, criterio y dirección.
Una historia bien contada puede interpelar y movilizar. Una anécdota sencilla puede volver entendible un proceso complejo. La marca personal no convierte la charla en una historia sobre tu vida; convierte el contenido en un mensaje con identidad. Esa es para mi, principalmente, la diferencia entre una charla que informa y una que permanece en los recuerdos. El ser humano ama las historias: No conecta con datos sueltos, conecta con relatos que le permiten verse reflejado.
Como fundadora de Mujeres Speakers y miembro activo de FOPEA, ¿qué futuro imaginas para el periodismo y qué voces crees que aún necesitan más espacio y visibilidad?
Miro el presente con realismo. El periodismo perdió espacio, se precarizó y convive con nuevos formatos donde muchas veces no se prioriza el oficio profesional sino la cantidad de seguidores. A eso se suma el fenómeno de la desinformación amplificada por la inteligencia artificial. En ese escenario, imaginar un futuro más sólido para la profesión es complejo. Sin embargo, prefiero una lectura, tal vez, idealista.
Frente al consumo constante de videos y a la lógica algorítmica que ordena lo que vemos, la sociedad va a necesitar anclas. Va a necesitar que alguien diga con criterio: esto está verificado, esto no. No desde la opinión, sino desde el método de verificación.
Creo que ahí puede abrirse una oportunidad. Una etapa donde el periodismo recupere centralidad por su rigor profesional. Una posible época de consolidación para el fact-checking, para el periodismo de investigación y para los medios que entiendan que su diferencial no es competir con el algoritmo, sino auditar la realidad.
Respecto a las voces, en un contexto de polarización global el desafío no es simplemente sumar más, sino ampliar de verdad el mapa de perspectivas. No se trata solo de mujeres, aunque ese sea el eje que hoy me convoca, sino de integrar miradas que no siempre están en el centro: voces fuera de las grandes ciudades, de distintos rangos etarios, de otros contextos, creencias y recorridos.
